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Existe el tiempo? Seguro que no es la primera vez que escucháis, habláis o leéis esta pregunta.  Con el debido respeto a todos los físicos o relativistas que puedan estar leyendo…. No tenemos ni idea.

Si alguien es capaz de ver el transcurrir del tiempo que levante la mano… o que me lo presente.  Yo, personalmente, lo más cerca que he estado de conocerlo es observando el movimiento de las manecillas de mi reloj.  Y no me queda nada claro.

Hagamos ahora un ejercicio todos. Mirad y memorizad la hora que marca el ordenador en este instante……. En mi caso, son las 18:03. ¿Qué quiere decir esto? Porque así a simple vista, si nadie nos lo hubiera explicado antes, sólo parecen cuatro cifras, verdad? Básicamente, nos indican que hace 18 horas y ahora cuatro minutos que pasó de ser viernes a sábado. Estos segundos, minutos y horas no son más que medidas de una misma magnitud que pretende colocar en secuencia los sucesos y experiencias a lo largo de nuestras vidas y que explican sus cambios. Estamos hablando del “tiempo absoluto”, cuya unidad elemental es el segundo.

Echemos un vistazo ahora a la curiosa definición de segundo:

“Un segundo es la ochenta y seis mil cuatrocientosava parte de la duración que tuvo el día solar medio entre los años 1750 y 1890”. (1967)

¿¿Como??? ¿Y porqué entre el 1750 y el 1890? ¿Es esto una magnitud seria? Pues no. Tranquilos, ya se encargaron de definirlo de otra manera para que quedara más bonito:

“Un segundo es la duración de 9 192 631 770 oscilaciones de la radiación emitida en la transición entre los dos niveles hiperfinos del estado fundamental del isótopo 133 del átomo de cesio (133Cs), a una temperatura de 0 K.1” (definición actual).

Esto ya es otra cosa. Ahora sí que me queda más claro (nótese ironía en el tono). Vamos, que nos hemos inventado un concepto para poder explicar el transcurrir de los acontecimientos. Todo lo que nos pasa en el presente no son más que experiencias diferentes a las que nuestra memoria ya tiene almacenadas previamente, si no existieran, nunca podría saber cuándo han ocurrido. Es ésta y sólo ésta nuestra única manera de entender el tiempo. El tiempo no es más que una consecuencia de nuestra memoria. Ni siquiera el avance del tiempo es real, se nos presenta imposible enteder la irreversibilidad del tiempo debido a la entropía y su constante aumento en la naturaleza, la verdadera única flecha del tiempo.

Pero no estoy descubriendo América. Ya Albert Einstein, en 1905, estableció mediante su teoría de la relatividad especial la equivalencia entre masa y energía y la nueva definición de espacio-tiempo. Según esta teoría, cada punto del espacio pasa a tener un tiempo personal, desapareciendo el concepto de tiempo absoluto. Ya no tiene sentido pues hablar de pasado, presente y futuro.

Einstein establece el espacio-tiempo como la entidad geométrica en la cual se desarrollan todos los eventos físicos del Universo. Pero este espacio-tiempo no sólo no es un marco absoluto donde se encuentra la materia y los acontecimientos, sino que él mismo sufre la influencia de éstos. Espacio y tiempo están afectados por la gravedad que producen la masa y la energía. En campos gravitatorios diferentes, el tiempo transcurre con ritmos diferentes. El tiempo se alarga o contrae dependiendo del sistema de referencia. Esto ya quedó demostrado en su tiempo con la paradoja de los gemelos. Ya lo dijo Einstein en su pésame a la hermana y al hijo de su gran amigo Michele Besso: “Para nosotros físicos convencidos, la distinción entre pasado, presente y futuro es sólo una ilusión, por persistente que ésta sea.”

Y es que fijaos si es relativo el tiempo que para algunos, los minutos que hayan pasado entre la hora que memorizamos cuando empezamos a leer el post y la actual habrán pasado horas y para otros, serán sólo segundos. La única verdad es que ha sucedido, sólo esa.

El ser humano siempre ha buscado alcanzar la felicidad. Aún no conozco a nadie que piense lo contrario; de hecho, se trata de un reflejo de la evolución que ha permitido que nuestra especie sobreviva. Sin embargo, han sido muchisimos los análisis y estudios que durante todo este tiempo han tratado de definirla sin éxito.

Fueron los antiguos pensadores griegos los primeros que buscaron una respuesta. Ser feliz es autorrealizarse, alcanzar las metas propias de un ser humano. “La parte mejor del hombre es la razón o como quiera que llamemos a aquella parte de nosotros que por naturaleza parece ser la más excelente y principal, y poseer la intelección de las cosas bellas y divinas; pues la razón es o algo divino o, ciertamente, lo más divino que hay en nosotros. Por tanto, su actividad -según la capacidad que le es propia, será la felicidad completa”. Que me perdone Aristóteles, pero me parece una definición demasiado vinculada aún a una época en la que la felicidad se veía como un regalo de los Dioses. Aunque no le falta parte de razón.

Aún peor es lo de los Romanos, que durante muchos años relacionaron la felicidad con el preciado símbolo del phallus.

Mural de Mercury en Pompeii

Mural de Mercury en Pompeii

Vamos a saltarnos unos cuantos años, con permiso de la Ilustración, cuna de la concepción moderna de la felicidad  basada en la propiedad privada, la libertad y la igualdad, para llegar a las definiciones más contemporáneas. Una de las más adoptadas en la actualidad se construye a partir del vínculo de felicidad y flujo. Es la llamada Teoría del flujo, de Csikszentmihaly. Alguien está en estado de flujo (“es feliz”) cuando está completamente involucrado en una actividad por sí misma, por su valor intrínseco. Cuando se está en flujo “el ego desaparece. El tiempo vuela. Cada acción, movimiento y pensamiento sigue inevitablemente al anterior, como cuando se toca jazz. Todo tu ser está involucrado y usas tus habilidades al máximo”.

Esto está muy bien, pero no es suficiente. Fifty.

Nos estamos olvidando de algo básico. La química y genética de la felicidad. Existen  algunas sustancias quimicas, como las endorfinas, cuya segregación  produce entusiasmo y carga vital, un estado de bienestar que mejora el humor y reduce el dolor. No parece descabellado entonces pensar que sean estos neurotransmisores los principales responsables de los estados de bienestar y que la genética tenga un papel muy importante, incluso esencial, en la consecución de la felicidad. David Lykken, genetista conductural y profesor de psicología de la Universidad de Minnesota, ha demostrado que “la variación genética representa entre 44 y 55 por ciento de la diferencia entre niveles de felicidad“, según estudios realizados entre más de 1.000 gemelos y mellizos. Esto si me convence algo más, la felicidad en la vida está fuertemente influida por los genes que tenemos al nacer.

Felicidad? Fifty Fifty. Estado de flujo + Genética.

La computación cuántica, basada en las propiedades de las partículas a nivel subatómico, está estableciendo un nuevo horizonte en lo que se refiere a tratamiento de datos e información. Según ésta, una partícula, además de poder tomar los valores normales 0 y 1, se puede encontrar en superposición coherente, es decir, puede ser 0 y 1 a la vez (estados ortogonales de las partículas subatómicas). Esto puede resultar mucho más interesante de lo que parece a primera vista.

Partamos del experimento del gato de Schrödinger, en el que se nos propone un sistema formado por una caja cerrada y opaca que contiene un gato, una botella de gas venenoso, una partícula radiactiva con un 50% de probabilidades de desintegrarse en un tiempo dado y un dispositivo tal que, si la partícula se desintegra, se rompe la botella y el gato muere.

A simple vista, el gato, dependiendo de la probabilidad de desintegración de la partícula del 50%, puede estar vivo (“Gato vivo”) o muerto (“Gato muerto”). Resulta también evidente que, si no vemos el interior de la caja, nunca sabremos el estado en el que se encuentra, es decir, podríamos decir que el gato se encuentra en un estado de “Gato vivo/gato muerto”.

La única manera de conocer si el felino sigue gozando de buena salud o no es abrir la caja. En algunos casos nos encontraremos con un gato vivo y en otros, con uno muerto. Según Schrödinger, lo que ha ocurrido es que, al realizar la medida, el observador interactúa con el sistema y lo altera, “rompiendo” la superposición de estados, definiéndose el sistema en uno de sus dos estados posibles. Si nos aferramos al sentido común, resulta claro que el gato no puede estar vivo y muerto a la vez. Sin embargo, la mecánica cuántica garantiza que mientras nadie espíe el interior de la caja el gato se encuentra en una superposición de los dos estados “vivo/muerto”.

Lo realmente interesante se extrae cuando extrapolamos el experimento de Schrödinger a nuestra universo,  obteniéndo un resultado más que sorprendente. Estamos vivos y muertos a la vez hasta que nadie compruebe lo contrario. Es decir, nuestra realidad depende de la percepción que los demás tengan de nosotros. Es más, siendo observadores, podemos incluso abandonar el resultado, según lo cual nunca sabremos de la existencia o desaparición de algo o alguien.

Nos encontramos pues ante una paradoja existencial en la que sólo existimos para los demás. Todos pasamos de ser observadores a participantes dentro de la manifestación de nuestra propia realidad.

Es entonces cuando nos resulta completamente necesaria la definición de un nuevo concepto que nos diferencie al menos, de las partículas subatómicas. No sé si lo conocéis. La conciencia de nosotros mismos. Sin más.

Interesante el artículo sobre las 40 cosas que hay que saber sobre la tecnología de los próximos 40 años  .  Coches gratis asociados al consumo, edificios de barro, enegía aprovechada de los movimientos humanos….. todo muy bien, pero se olvidan del mayor avance de todos en cuanto a importancia y trascendencia: La programación de la conciencia de sí mismas en máquinas.

Si ya son más agiles, más fuertes o más precisas que los humanos, ¿podrán llegar algún dia a dominarnos? ¿serán capaces de reproducirse a partir de sus propios materiales? La respuestá podría estar más cerca de lo que pensamos:

En este video, Hod Lipson, ingeniero en Robótica de la Universidad de Cornell, explica cómo a día de hoy ya existen máquinas que se analizan a sí mismas y son capaces de diseñarse con un fin establecido, como la locomoción. A partir de esta propia imagen creada son capaces de evolucionar y desarrollarse.

Según Lipson, “Hay que abandonar esa idea de diseñar máquinas manualmente”. ya que para conseguir que los robots se parezcan más a los seres humanos o a los animales, “hay que dejar a las máquinas evolucionar y aprender como a los niños”.

Sólo se me ocurre una cosa más…. espero que cuando los programen para tomar conciencia de sí mismas en otras actividades, lo hagan de algún ser superior a un humano…. una hormiga por ejemplo.

Fué hace ya unos 10 años cuando nació la idea de Rayamentes. Bajo la frase de F. Nietzsche “El relámpago y el trueno necesitan tiempo, la luz de las estrellas necesitan tiempo, los hechos necesitan tiempo, aún después de haberse realizado, para ser vistos y oidos”, seis jóvenes daban rienda suelta a sus ideas y pensamientos más profundos.

Es ahora cuando rescatamos el testigo y empezamos un nuevo proyecto bajo el mismo título y con la misma ilusión que entonces. Con permiso de las posibles mutaciones o transformaciones, el nuevo Rayamentes 2.0 dará salida a nuestras inquietudes y razonamientos mejor guardados en forma de posts.

Aprovecho también, ahora que puedo, para saludar desde aquí al resto de colaboradores del primer intento: Julitros, Fiwel, RobPerry y Gabrielo.