Libertad” es de lejos una de las palabras más usadas cuándo reivindicamos, protestamos, deseamos, anhelamos o exigimos. Tal vez también una de las palabras más escritas en manifiestos, novelas, artículos periodísticos, letras de canciones y una de las más pronunciadas en películas, estribillos, reuniones y gritos de rebeldía. Nos libera de nuestras cadenas, yugos, opresores, de nuestras limitaciones o de las imposiciones de los demás. Parece que evoca el máximo y pleno sentimiento al que un ser humano puede aspirar.

Para mí también una de las palabras más sobrestimada. No digo que no me quiera sentir libre, pero la libertad en exceso es una mierda, en muchas ocasiones me gustaría ser menos libre, tener mi campo de acción acotado y dictado. Parece que más que un don divino me ha caído una maldición, una putada sin fin. Hay un proverbio chino que dice, “Ten cuidado con lo que deseas porque puede que los dioses te lo concedan”, y creo que nos hemos quedado con toda la que libertad que los dioses guardaban. Cuidado, no nos equivoquemos, la libertad no es algo a disfrutar a tope y ciego perdido cual fiestón de verano, el disfrute de la libertad implica responsabilidad, algo que a algunos se la pela, pero que a mí en muchas ocasiones me angustia.

El ser humano es libre para elegir, y eso conlleva tener que decidir por él mismo que está bien o mal. Estamos perdidos en mitad del océano sin mapa cartográfico por el que guiarnos, somos nosotros quienes establecemos los límites, no se nos dijo que podíamos o no hacer, ¿cómo decidimos si vivimos la vida de manera justa? pero peor aún, ¿quién lleva razón al dictar nuestras reglas de conducta? porque aparecen tantas posibles respuestas como seres humanos vivimos en este mundo,  6.709.132.764 según el último sondeo.

Bueno, sí que se han dibujado algunas líneas maestras para aplacar la angustia que me corroe, dónde ya se me restringe mi libertad a cambio de delimitar mi ansiada línea entre el bien y el mal, asunto arreglado: Los diez mandamientos, el Islam, el budismo, el manifiesto comunista, el capitalismo, la carta internacional de derechos humanos, la democracia, la anarquía, el nuevo orden mundial, la ONU… todos ellos hechos con muy buena intención, no lo dudo, pero todos ellos paridos por seres humanos, imperfectos por definición, cada uno realizado desde una óptica personal y diferente, parches al fin y al cabo.

Y es que yo me pregunto ¿ser por ejemplo un traficante de armas te convierte en un hijo de puta? aunque desde el punto de vista del derecho humano te convierte en un delincuente, tal vez este te responda que actúa según su propia definición de bien y mal, que es libre para hacerlo, y tú no puedes reclamar al tribunal supremo divino porque no lo hay, tal vez puedas argumentar que sus armas matan, y matar es malo y equivocado, pero no tenemos leyes supremas en la mano con las que demostrarle que así es, tal vez pienses que está loco, pero al fin y al cabo los locos son aquella minoría que piensan distinto de la mayoría, Cristóbal Colón fue tachado de loco en su época por defender que la tierra era redonda. Al final siempre hay que poner un tope, porque si no, se cae en un pozo negro sin fondo llamado “relativismo absoluto” dónde cualquier acción está justificada. Pero eso no quita que haya una pequeña zona oscura, arrinconada y marginada en mi mente que me recuerde de vez en cuando que tal vez me esté equivocando en la manera de llevar mi vida conmigo mismo y con los demás.

O tal vez la pregunta sea otra, ¿existe el bien y el mal?, puede que sea todo una percepción humana equivocada de la realidad. Porque, un animal cuándo mata a otro animal porque ha invadido su territorio no ha obrado mal, lo hizo porque es su naturaleza, ellos están libre de culpa. ¿Somos tan diferente los seres humanos? ¿Estamos viviendo la vida según nuestra naturaleza?, ¿somos de verdad capaces de discernir de manera inequívoca que debemos o no hacer? ¿Son la justicia, ética o moral utopías que solo viven en nuestra mente pero no tienen cabida en el mundo terrenal?

Todas estas preguntas me atormentan día tras día, y golpean mi raciocinio cuál ariete que intenta derribar la puerta del castillo. Hay otras personas con más suerte que yo, a los que esto realmente les da igual, duermen a pierna suelta y pasan del uso responsable de la libertad, en muchas ocasiones me gustaría ser como uno de ellos, aunque por fortuna o desgracia no es el caso. Al final resulta que tanta libertad me oprime y asfixia, que ironía… por favor que alguien venga y me libere de las cadenas de la libertad.

Anuncios